capitulo 6

Mentí. En realidad Samantha le atinó a los dos nombres de las gordas: Yahaira y Rubí, y le atinó a la primera pero no quise decírselo porque, infantil como suena, no quería que pensara que le daba importancia a ese par... como si con mentiritas hiciera puntos a mi favor.

Yahaira era la chaparrita, una jarocha en la que el oficio de puta se veía de nacimiento, de esas que lo hacen por el dinero, sí, pero también con gusto. La otra, en cambio, tenía siempre la mano extendida y la mirada torva, espantándose los demonios como quien se espanta las moscas, contestaba lo indispensable y siempre, de algun modo, incluía algo relacionado con el dinero.
Recordé eso al día siguiente de la escena de comedia romántica en la puerta de la casa de mi mujer Benzal; lo recordé porque Yahaira me marcó. En la media hora que platicamos me dijo, entre otras cosas, que Samantha vio que antes de comenzar la trifulca entre Rubí y yo, le entregué un papelito a ella (Yahaira) con lo que se deducía era mi número. También me dijo, en plan críptico femenino, "cuídala, es de las que valen la pena".

Esta actitud puede, de buenas a primeras, parecer muy misteriosa pero no lo es. Desde que ví a esa chaparrita me gustó, había algo en ella que me resultaba familiar pero pensé que se trataba de eso que muchos llaman "es de mi tipo" y hasta ahí lo dejé. En la llamada Yahaira me dijo que en realidad se llamaba Daniela y que estudió conmigo en la secundaria y que estuvo enamorada de mí. Entonces me cayó el flashazo: era La Musaraña, la del rincón, la feíta inadaptada que servía para dos cosas: joderle la vida y luego pedirle perdón para que pasara la tarea, y ella, con ese corazón forrado de pulpa, sólo me perdonaba a mí y sólo yo obtenía los privilegios. Me gustaba un poco (su sonrisita, carajos) pero no podía decírselo a nadie y menos a esa edad, en la que se supone que no te deben gustar las feas inadaptadas.


-Eso es cierto: aunque te gustaran no lo podías decir, viejo. A mí me gustaba la gordita lentuda del B, la que iba a los concursos de matemáticas ¿te acuerdas? ajá, pues esa.
-Wey, pues no estaba fea, tenía lo suyo. Y no es que me muriera por Daniela pero sí de repente llegué a pensar "La Musaraña es bonita" y me callé el hocico por pensarlo pero lo seguí pensando hasta tercero.
-No la recuerdo mucho. Oye, ¿y cómo es que ella sabe que tu Samantha vale la pena?

Buena pregunta. Almagrande es el de las buenas preguntas, yo soy una bestia. Todo esto se lo contaba en la sala de su casa, en ausencia de sus dos hijas que habían ido con la mamá a buscar no sé qué chunches al súper. Las latas en la mano, el estúpido comentarista de Televisa hablando solo y yo con la pregunta flotando a mi alrededor.
Deduje que Daniela La Musaraña Yahaira lo percibido con el sexto sentido que se supone tienen todas las mujeres, y también deduje que entre ellas hubo más plática de lo que ambas me hicieron creer. Me veo tirado en suelo, con chico zapatillazo en la cabeza, y esas dos platicando como si nada, mientras la gorda puta sin vocación mienta que mienta madres y al final termina diciendo "Yahaira ¿te vas o te quedas a comadrear?".

-pues ahí tienes, viejo, otro pretexto para salir con ella: sacarle de qué platicaron
-no mames, no me va a decir
-dije que era pretexto, no meta de venta. Y chance esta vez la escena sí termine en beso y te cases con ella y tengas dos flacas que cuando se vayan con su mamá te dejen tomarte unas chelitas, eso sí, nomás unas porque no hay que despilfarrar el dinero, y termines dándole consejos a un pobre putito tan confundido que parecerá que tiene 15 años de nuevo
-¿y Yahaira, qué hago con ella?
-nada, esa solita te va a llamar


Me terminé mis latas justo cuando llegaron sus mujeres del súper. Saludé, nos depedimos y me fui a dar vueltas a mi cama. Tenía que marcarle al otro día... a cualquiera de las dos.